Bares
“Ya no voy mucho a bares. Saqué eso de mi sistema. Ahora, cuando entro a un
bar, siento náuseas. Estuve en demasiados, es apabullante. Son para cuando uno
es más joven: todo eso de irse a las manos con un tipo, hacerse el macho,
levantarse minas. A mi edad, ya no lo necesito. Hoy sólo entro a los bares para
mear. a veces cruzo la puerta y empiezo a vomitar”.
El
alcohol: “El alcohol es probablemente una de las mejores cosas que han llegado
a esta tierra, además de mí. Entonces nos llevamos bien. Es destructivo para la
mayoría de la gente, pero yo soy un caso aparte. Hago todo mi trabajo creativo
cuando estoy intoxicado. Incluso me ha ayudado con las mujeres. Siempre fui
reticente durante el sexo, y el alcohol me ha permitido ser más libre en la
cama. Es una liberación porque básicamente yo soy una persona tímida e
introvertida, y el alcohol me permite ser este héroe que atraviesa el espacio y
el tiempo, haciendo un montón de cosas atrevidas... Entonces el alcohol me
gusta, cómo no”.
Fumar:
“Me gusta fumar. El cigarrillo y el alcohol se equilibran. Yo solía despertarme
de una borrachera y había fumado tanto que mis dos manos estaban amarillas,
casi marrones, como si tuviera puestos guantes. Y me preguntaba: ‘¡Mierda!
¿Cómo se verán mis pulmones?’”.
Pelear:
“La mejor sensación es cuando golpeás a un tipo que no se supone que puedas
golpear. Una vez me metí con un tipo, me estaba insultando. Le dije: ‘Bueno,
adelante’. No tuve ningún problema, le gané la pelea fácilmente. Estaba tirado
en el piso. Tenía la nariz ensangrentada. Me dijo: ‘Jesús, te movés siempre tan
lentamente que pensé que serías fácil. Y cuando empezó la condenada pelea, ya
no podía ver tus manos, te volviste tan rápido. ¿Qué pasó?’. Le dije: ‘No
sé, hombre. Así son las cosas. Uno ahorra para cuando tiene que usarlo’”.
Los
gatos: “Es bueno tener un montón de gatos alrededor. Si uno se siente mal, mira
a los gatos y se siente mejor, porque ellos saben que las cosas son como
son. No hay por qué entusiasmarse y ellos lo saben. Por eso son salvadores.Cuantos
más gatos uno tenga, más tiempo vivirá. Si tenés cien gatos, vivirás diez veces
más que si tenés diez. Algún día esto será descubierto: la gente tendrá mil
gatos y vivirá para siempre. Realmente es ridículo”.
Las
mujeres y el sexo: “Yo las llamo máquinas de quejarse. Las cosas con un tipo
nunca están bien para ellas. Y cuando me tiran toda esa histeria... Tengo que
salir, agarrar el auto e irme. A cualquier parte. Tomar una taza de café en
algún lado. En cualquier lado. Cualquier cosa menos otra mujer. Supongo que
están construidas de diferente manera, ¿no? Cuando la histeria empieza, se
acaba todo. Uno se tiene que ir, ellas no entienden por qué. ‘¿Adónde vas?’, te
gritan. ‘¡Me voy a la mierda, nena!’. Piensan que soy un misógino, pero no es
verdad. Es puro boca a boca. Escuchan que Bukowski es ‘un cerdo macho
chauvinista’, pero no chequean la fuente. Seguro, a veces pinto una mala imagen
de las mujeres en mis cuentos, pero con los hombres hago lo mismo. Incluso yo
salgo mal parado muchas veces. Si realmente pienso que algo es malo, digo que
es malo, sea hombre, mujer, niño o perro. Las mujeres son tan quisquillosas,
piensan que me las agarro con ellas en particular. Ése es su problema”.
La
primera vez: “Mi primera vez fue la más rara. No sabía cómo hacerlo, y ella me
enseñó a chuparle la concha y todas esas cosas de coger. Me acuerdo de que me
decía: ‘Hank, sos un buen escritor, pero no sabés una mierda sobre las
mujeres’. ‘¿Qué querés decir? Estuve con un montón de mujeres.’ ‘No, no sabés
nada. Dejame enseñarte algunas cosas.’ Le dije que bueno y ella: ‘Sos buen
estudiante, entendés rápido’. Eso fue todo. (Está un poco avergonzado. No
por los detalles sino por el sentimentalismo del recuerdo.) Pero todo ese
asunto de chupar conchas se puede poner un poco servil. Me gusta hacerlas
gozar, pero... Todo está sobrevalorado. El sexo sólo es una gran cosa cuando no
lo hacés”.
El
sexo antes del sida (y su casamiento):“Yo nada más entraba y salía de entre las
sábanas. No sé, era como un trance, un trance de coger. Y las mujeres... uno
les decía algo, las tomaba de la muñeca, ‘vamos, nena’, las guiaba hasta el
dormitorio y se las cogía. Cuando uno entra en el ritmo, sigue adelante. Hay un
montón de mujeres solitarias allá afuera. Son lindas, pero no se saben
conectar. Están sentadas solas, van al trabajo, vuelven a la casa... es algo
maravilloso para ellas que un tipo se les aparezca. Y si se sienta cerca, bebe
y habla, es entretenimiento. Estuvo bien, tuve suerte. Las mujeres modernas...
no te cosen los botones”.
Escribir:
“Escribí un cuento desde el punto de vista de un violador de una niña muy
pequeña. Y la gente me acusó. Me hicieron entrevistas. Decían: ‘¿Le gusta
violar a niñitas?’. Dije: ‘Por supuesto que no. Estoy fotografiando la vida’.
Me metí en problemas con montones de cosas. Pero, por otro lado, los problemas
venden libros. Pero, en última instancia, escribo para mí. (Da una larga pitada
a su cigarrillo.) Es así. La pitada es para mí, la ceniza es para el cenicero.
Eso es publicar. Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo. Todo
el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan los trucos de la manga... la
magia”.
La
poesía: “Siempre recuerdo que, en el patio de la escuela, cuando aparecía la
palabra ‘poeta’ o ‘poesía’, todos los pendejos se reían y se burlaban. Puedo
ver por qué: es un producto falso. Ha sido falso y snob y endogámico porsiglos.
Es ultradelicado, sobreapreciado. Es un montón de mierda. Durante siglos, la
poesía es casi basura total. Es una farsa. Ha habido grandes poetas, no me
entienda mal. Hay un poeta chino llamado Li Po. Podía poner más sentimiento,
realismo y pasión en cuatro o cinco sencillas líneas que la mayoría de los
poetas en sus doce o trece páginas de mierda. Y bebía vino también. Solía
quemar sus poemas, navegar por el río y beber vino. Los emperadores lo amaban
porque podían entender lo que decía. Por supuesto, sólo quemó sus poemas malos.
Lo que yo quise hacer, si me disculpa, es incorporar el punto de vista de los
obreros sobre la vida... los gritos de sus esposas que los esperan cuando
vuelven del trabajo. Las realidades básicas de la existencia del hombre
común... algo que pocas veces se menciona en la poesía desde hace siglos.Mejor,
que quede registrado que dije que la poesía es una mierda desde hace siglos. Y
una vergüenza”.
Céline:
“La primera vez que leí a Céline, me fui a la cama con una caja grande de
galletitas Ritz. Empecé a leerle y me comía una galletita Ritz, me reía, me
comía una Ritz, leía. Leí la novela entera de un tirón y me terminé la caja de
galletitas. Y me levanté y tomé agua. Tendrías que haberme visto. No me podía
mover. Eso es lo que un buen escritor te puede hacer. Casi te puede matar. Un
mal escritor puede hacerlo, también”.
Shakespeare:
“Es ilegible y está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno
no puede atacar templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno
puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede decir que Shakespeare es
mierda. Cuando algo dura mucho tiempo, los snobs empiezan a aferrarse a él,
como ventosas. Cuando los snobs sienten que algo es seguro, se aferran. Pero si
les decís la verdad, se ponen salvajes. No pueden soportarlo. Es atacar su
propio proceso de pensamiento. Me desagradan”.
Su
material de lectura favorito: “Leí en el The National Enquirer una nota
titulada ‘¿Es su marido homosexual?’. Linda me dijo: ‘¡Tenés voz de puto!’. Yo
dije: ‘Oh, sí, siempre me lo pregunté’. Ese artículo decía: ‘¿Su marido se
depila las cejas?’. Y yo pensé, mierda, lo hago todo el tiempo. Ahora sé lo que
soy. Me depilo las cejas, soy un puto. Es muy amable de parte de The National
Enquirer decirme lo que soy”.
El
humor y la muerte: “El último gran humorista era un tipo llamado James Thurber.
Pero su humor era tan magnífico que tuvieron que ignorarlo. Este tipo era,
podría decirse, un psiquiatra de las edades. Tenía algo ambiguo, hombre-mujer,
veía cosas. Era sanador. Su humor era tan real que uno gritaba de risa, era
como una liberación frenética. Aparte de Thurber, no puedo pensar en nadie...
Yo tengo algo de humorista, pero no como él. No llamo humor a lo que tengo, lo
llamo un ‘filo cómico’. Estoy colgado en eso. Casi todo lo que pasa es
ridículo. Cagamos todos los días. Eso es ridículo, ¿no te parece? Tenemos que
seguir meando, poniendo comida en nuestras bocas, nos sale cera de los oídos.
Tenemos que rascarnos. Cosas feas y tontas, ¿o no? Las tetas no sirven para
nada, salvo...”.
Nosotros:
“La verdad es que somos monstruosidades. Si pudiéramos vernos, podríamos
amarnos, darnos cuenta de lo ridículos que somos, con nuestros intestinos
retorcidos por los que se desliza lentamente la mierda mientras nos miramos a
los ojos y decimos: ‘Te amo’. Nos carbonizamos y producimos mierda, pero no nos
tiramos pedos cerca del otro. Todo tiene un filo cómico”.
Ganar:
“Y después nos morimos. Pero la muerte no nos ha ganado. No ha mostrado ninguna
credencial. Nosotros hemos mostrado todas las credenciales. Con el nacimiento,
¿nos ganamos la vida? No realmente, pero de seguro la hija de puta nos tiene
atrapados... La muerte me provoca resentimiento, la vida también, y mucho más
estar atrapado entre las dos. ¿Sabés cuantas veces intenté
suicidarme? Dame tiempo, sólo tengo 66 años. Sigo trabajando en eso.
Cuando uno tiene tendencias suicidas, nada lo molesta, excepto perder en las
carreras de caballos. ¿Por qué será? A lo mejor porque uno usa su mente en las
carreras, no su corazón. Pero nunca cabalgué. No estoy muy interesado en el
caballo sino en el proceso de acertar o no, selectivamente”.
Las
carreras: “Traté de ganarme la vida con las carreras por un tiempo. Es
doloroso. Es vigorizante. Todo está al límite, el alquiler, todo. Pero uno
tiende a ser cuidadoso. Una vez estaba sentado en una curva. Había doce
caballos en la carrera y estaban todos amontonados. Parecía un gran ataque.
Todo lo que veía era esos grandes culos de caballo subiendo y bajando. Parecían
salvajes. Miré esos culos de caballos y pensé: ‘Esto es una locura total’. Pero
hay otros días en los que ganás cuatrocientos o quinientos dólares, ganás ocho
o nueve carreras al hilo, y te sentís Dios, como si lo supieras todo. Y todo
queda en su lugar”.
La
gente: “No miro mucho a la gente. Es perturbador. Dicen que si mirás mucho a
otra persona, te empezás a parecer a ella. Pobre Linda. La mayoría de las veces
me la puedo pasar sin la gente. La gente no me llena, me vacía. No respeto a
nadie. Tengo un problema en ese sentido. Estoy mintiendo pero, creeme, es
verdad”.
La
fama: “Es destructora. Es una puta, una perra, la destructora más grande de
todos los tiempos. A mí me tocó la mejor parte porque soy famoso en Europa y
desconocido aquí, en Estados Unidos. Soy uno de los hombres más afortunados. La
fama es terrible. Es una media en una escala del denominador común, la meten
trabajando a un nivel bajo. No tiene valor. Una audiencia selecta es mucho
mejor”.
La
soledad: “Nunca me sentí solo. He estado en una habitación, me he sentido
suicida. Estuve deprimido, me he sentido horrible más allá de lo descriptible,
pero nunca pensé que una persona podía entrar a una habitación y curarme. Ni
varias personas. En otras palabras, la soledad no es algo que me molesta
porque siempre tuve este terrible deseo de estar solo. Siento la soledad cuando
estoy en una fiesta, o en un estadio lleno de gente vitoreando algo. Citaré a
Ibsen: ‘Los hombres más fuertes son los más solitarios’. Nunca pensé: ‘Bueno,
ahora va a entrar una rubia hermosa y vamos a garchar, y me va a frotar
las bolas, y me voy a sentir bien’. No, eso no iba a ayudar. Viste cómo piensa
la gente común: ‘Guau, es viernes a la noche, ¿qué vamos a hacer? ¿Quedarnos
acá sentados?’. Bueno, sí. Porque no hay nada allá afuera. Es estupidez. Gente
estúpida mezclándose con gente estúpida. Que se estupidicen entre ellos. Nunca
tuve la ansiedad de lanzarme a la noche. Me escondía en bares porque no quería
esconderme en fábricas. Eso es todo. Les pido perdón a los millones, peronunca
me sentí solo. Me gusta estar conmigo mismo. Soy la mejor forma de
entretenimiento que puedo encontrar”.
El
tiempo libre: “Es muy importante tener tiempo libre. Hay que parar por completo
y no hacer nada por largos períodos para no perderlo todo. Seas un actor o una
ama de casa, cualquier cosa, tiene que haber grandes pausas en las que no hacés
nada. Uno se tira en una cama a mirar el techo. Hacer nada es muy, muy
importante. ¿Y cuánta gente lo hace en la sociedad moderna? Muy poca. Por eso
la mayoría está totalmente loca, frustrada, enojada y odiosa. Antes de casarme,
o de conocer a muchas mujeres, bajaba las cortinas y me metía en la cama por
tres o cuatro días. Me levantaba para cagar y para comer una lata de porotos.
Después me vestía y salía a la calle, y el sol brillaba y los sonidos eran
maravillosos. Me sentía poderoso, como una batería recargada. Pero, ¿sabés qué
me tiraba abajo? El primer rostro humano que veía en la vereda. Esa cara nomás
me hacía perder la mitad de la carga. Esta cara monstruosa, sin expresión,
tonta, sin sentimientos, cargada de capitalismo. Pero aún así valía la pena, me
quedaba la mitad de la carga todavía. Por eso el tiempo libre es importante. Y
no digo tomarse tiempo para tener pensamientos profundos. Hablo de no pensar en
absoluto. Sin pensamientos de progreso, sin pensamientos sobre uno mismo. Sólo
ser un haragán. Es hermoso”.
La
belleza: “No existe algo como la belleza, especialmente en un rostro humano,
eso que llamamos fisonomía. Todo es un imaginado y matemático alineamiento
de rasgos. Por ejemplo, si la nariz no sobresale mucho, si los costados están
bien, si las orejas no son demasiado grandes, si el cabello no es demasiado
largo. Es una mirada generalizadora. La gente piensa que ciertos rostros son
hermosos, pero, realmente, no lo son. La verdadera belleza, por supuesto, viene
de la personalidad. No tiene nada que ver con la forma de las cejas. Me
dicen de tantas mujeres que son hermosas... pero cuando las veo, es como mirar
un plato de sopa”.
La
fealdad: “No existe. Hay algo llamado deformidad, pero la simple fealdad no
existe. He dicho”.
Érase
una vez: “Era invierno, yo me estaba muriendo de hambre intentando ser escritor
en Nueva York. No había comido en tres o cuatro días. Así que finalmente dije:
‘Me voy a comer una gran bolsa de pochoclo’. Cada grano era como un churrasco.
Tragaba y echaba pochoclo a mi estómago que decía ‘¡Gracias, gracias!’. Estaba
en el paraíso, caminando por ahí, hasta que dos tipos pasaron a mi lado y uno
le dijo al otro: ‘¡Jesús!’. El otro dijo: ‘¿Qué pasa?’ ‘¿Viste a ese tipo
comiendo pochoclo? Dios, era horrible.’ Así que no pude disfrutar el resto del
pochoclo. Pensé qué quisieron decir con eso de que ‘era horrible’. Yo estaba en
el paraíso. Supongo que era un poco cochino. Ellos siempre pueden distinguir a
un tipo hecho mierda”.
La
prensa: “Disfruto las cosas malas que se dicen sobre mí. Aumenta la venta de
libros y me hace sentir malvado. No me gusta sentirme bien porque soy
bueno. ¿Pero malo? Sí. Me da otra dimensión. Me gusta ser atacado. ‘¡Bukowski
es desagradable!’ Eso me hace reír, me gusta. ‘¡Es un escritor desastroso!’
Sonrío más. Me alimento de eso. Pero cuando un tipo me dice que dan un texto
mío como material de lectura en una universidad, me quedo boquiabierto. No sé,
me aterra ser demasiado aceptado. Siento que hice algo mal”.
El
dedo: (Levanta el dedo meñique de su mano izquierda) “¿Viste alguna vez este
dedo? (El dedo parece paralizado en una forma de “L”). Me lo rompí una noche,
borracho. No sé por qué, pero nunca se acomodó. Pero funciona perfecto para la
letra ‘a’ de la máquina de escribir, y qué demonios, le agrega algo a mi
personaje”.
La
valentía: “A la mayoría de la gente supuestamente valiente le falta
imaginación. Es como si no pudieran concebir lo que sucedería si algo saliera
mal. Los verdaderos valientes vencen a su imaginación y hacen lo que deben
hacer”.
El
miedo: “No sé nada sobre eso”. (Se ríe.)
La
violencia: “Creo que, la mayoría de las veces, la violencia es malinterpretada.
Hace falta cierta violencia. En nosotros hay una energía que necesita ser
sacada. Creo que si esa energía es contenida, nos volvemos locos. La paz última
que todos deseamos no es un área deseable. De alguna manera, no estamos
destinados a eso. Por eso me gusta ver peleas de boxeo, y por eso yo mismo las
protagonizaba en mi juventud. A veces se llama violencia a la expulsión de
energía con honor. Hay locura interesante y locura desagradable. Hay buenas y
malas formas de violencia. Es un término vago. Está bien si no se hace a
expensas de otros”.
El
dolor físico: “Con el tiempo uno se endurece, aguanta el dolor físico. Cuando
estaba en el Hospital General, un tipo entró y dijo: ‘Nunca vi a nadie aguantar
la aguja con tanta frialdad’. Eso no es valentía. Si uno aguanta suficiente
dolor, uno cede. Es un proceso, un ajuste. Pero no hay forma de acostumbrarse
al dolor mental. Me mantengo lejos de él”.
La
psiquiatría: “¿Qué consiguen los pacientes psiquiátricos? Una cuenta. Creo que
el problema entre un psiquiatra y su paciente es que elpsiquiatra actúa de
acuerdo al libro, mientras que el paciente llega por lo que la vida le ha
hecho. Y aunque el libro pueda tener cierta perspicacia, las páginas siempre
son las mismas y cada paciente es diferente. Hay muchos más problemas
individuales que páginas. Hay demasiada gente loca como para resolverlo
diciendo: ‘Tantos dólares por hora, cuando suena el timbre terminamos’. Eso
sólo puede llevar a una persona un poco loca a la locura total. Recién empiezan
a abrirse y a sentirse bien cuando el psiquiatra dice: ‘Enfermera, arregle la
próxima cita’. Todo es asquerosamente mundano. El tipo está ahí para quedarse
con tu culo, no para curarte. Quiere tu dinero. Cuando suena el timbre, que
entre el siguiente loco. Ahora, el loco sensible....
se va a dar cuenta de que cuando el timbre suena, significa que lo cagaron. No hay límites de tiempo para curar la locura, y no hay cuentas para eso, tampoco. Muchos de los psiquiatras que yo he vistoparecen estar al límite ellos mismos, además. Pero están demasiado cómodos. Creo que el paciente quiere ver un poco de locura, no demasiado. Ah, los psiquiatras son totalmente inútiles. ¿Siguiente pregunta?”.
se va a dar cuenta de que cuando el timbre suena, significa que lo cagaron. No hay límites de tiempo para curar la locura, y no hay cuentas para eso, tampoco. Muchos de los psiquiatras que yo he vistoparecen estar al límite ellos mismos, además. Pero están demasiado cómodos. Creo que el paciente quiere ver un poco de locura, no demasiado. Ah, los psiquiatras son totalmente inútiles. ¿Siguiente pregunta?”.
La
fe: “La fe está bien para los que la tienen. Mientras no me la tiren por la
cabeza. Tengo más fe en mi plomero que en el ser eterno. Los plomeros hacen un
buen trabajo. Dejan que la mierda fluya”.
El
cinismo: “Siempre me acusaron de cínico. Creo que el cinismo es una uva amarga.
Es una debilidad. Es decir: ‘¡Todo está mal! ¿Entendés? ¡Esto no está bien!
¡Aquello no está bien!’. El cinismo es la debilidad que evita que nos ajustemos
a lo que ocurre en el momento. El optimismo también es una debilidad. ‘El sol
brilla, los pájaros cantan, sonríe.’ Eso es mierda también. La verdad está en
algúnlugar entre los dos. Lo que es, es. Si no estás listo para soportarlo,
joderse”.
La
moralidad convencional:“Puede que no exista el infierno, pero los que juzgan
pueden crearlo. Pienso que la gente está sobredomesticada. Uno tiene que
averiguar lo que le pasa, y cómo va a reaccionar. Voy a usar un término extraño
aquí: el bien. No sé de dónde viene, pero siento que hay un básico rasgo de
bondad en cada uno de nosotros. No creo en Dios, pero creo en esta ‘bondad’,
como un tubo dentrode nuestros cuerpos. Puede ser alimentada. Siempre es
mágica, por ejemplo cuando en una autopista sobrecargada de tráfico un extraño
hace lugar para que alguien pueda cambiar de mano... es esperanzador”.
Sobre
ser entrevistado: “Es como ser arrinconado. Es vergonzoso. Por eso, no siempre
digo toda la verdad. Me gusta jugar y burlarme un poco, así que doy información
falsa sólo por el gusto de entretener y mentir. Así que si quieren saber algo
sobre mí, no lean una entrevista. Ignoren ésta, también”.
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